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Tantra, cuerpo y espíritu

El tantra representa el esfuerzo por alcanzar el eslabón místico entre lo finito y lo infinito, entre el individuo y el cosmos. Mientras que para muchos  todo aquello que es espiritual excluye todo lo que es mundano, en el tantra ambos elementos se armonizan. Iluminación espiritual y realización individual son experiencias complementarias. Cada aspecto de la vida forma parte integral del tantra, ya sea comida y salud, o filosofía y meditación. Al canalizarlos con conciencia apropiada todo entra dentro del flujo que lleva a la perfección humana. Los masajes eróticos  entran en este canal de armonía de lo físico y lo espiritual. En el tantra, cuerpo y espíritu viven juntos, y no pueden desligarse.

A pesar de que algunos aspectos del tantra tendrían que emerger de forma natural y espontánea, se hacen necesarias unas técnicas. Son saberes ancestrales que hemos asimilado en los masajes eróticos.  Su profundidad no puede alcanzarse en un solo masaje erótico, pero nos inician en saberes y energías que yacen dormidas en nuestro ser. Todos disponemos de esta energía. Sólo necesitamos aprender a despertarla.

Tantra, cuerpo y espíritu

MUNDO Y ALMA.

Literalmente, tantra significa “aquello que libera de la oscuridad”. Sus prácticas espirituales van orientadas a despojarnos del egocentrismo. Quiere eliminar las estrecheces que limitan la mente humana. Es unión de cuerpo y espíritu.

Lo que hace de tantra tan atractivo es su perspectiva profundamente positiva del universo y su aceptación del mundo. La realidad que nos rodea es una expresión de la Conciencia infinita y esencial.

Toda existencia surge de una misma conciencia infinita. De cuerpo y espíritu. En principio del tantra es que si penetramos en dicha conciencia se puede experimentar la unidad de todas las cosas. Con esto logramos trascender la percepción sensorial con la perspectiva divisionaria del mundo relativo. El objetivo final del tantra es la unión con la Conciencia absoluta. Con eso lograremos un estado más allá del ego que nos inhibe y nos fragmenta la realidad.

Sexualidad sagrada

La sexualidad, tal y como la entendemos en occidente, está viviendo una profunda crisis. Cuando hablamos de crisis no la entendemos como algo negativo, sino como el significado verdadero de crisis. Es decir, transformación. Porque como todo en la vida, lo nuevo se hace viejo y se sustituye por algo nuevo. Y sin embargo, lo que estamos haciendo es volver la mirada hacia las cosas que son reales de verdad. Hacia aquello que nos conecta con el entorno. No se trata de un vano naturalismo o ecologismo, sino de trascender lo artificial y lo dogmático.

Curiosamente, nuestra época se destaca por ser una de esas etapas en las que se habla mucho de sexo. El sexo está presente en muchos aspectos. Aunque en muchos casos se trata con frivolidad y poco rigor, el aspecto positivo es que se habla. No debemos, sin embargo, dejarnos llevar por esta borrachera de sexualidad. Porque en la sexualidad es muy importante el misterio.

Gracias  este interés han surgido muchas personas interesadas en las enseñanzas tántricas. Saberes milenarios de la India, que han llegado a occidente tras años de secretismo y, desgraciadamente, persecución y represión. Hoy somos libres para elegir nuestra senda en materia de sexualidad. Los campos se han abierto. En muchos casos, todo esto no será más que fría e intrascendente compulsión. Pero bien enfocada, la energía sexual es la más poderosa fuente de liberación personal, y que afecta a todos los ámbitos de nuestra vida. Son saberes cuyos beneficios se proyectan en todas direcciones.  No olvidemos que en el tantra la sexualidad es un rito mediante el cual alcanzamos grados de consciencia absoluta. De modo que, no nos hartaremos de repetirlo: en el tantra el sexo es un medio, no un fin.

Debemos evitar esta visión misógina del sexo, en el que lo masculino se trivializa. La ansiedad por el gran orgasmo, lejos de ser un homenaje a la mujer, son meros indicadores de narcisismo y autocomplacencia. No hay un enfoque en disfrutar del sexo para crear una plenitud en la unidad, en la unión de las dos mitades. No es un acto generoso sino egoísta.

Gracias al tantra recuperamos una visión del sexo como fuerza liberadora, como acto sublime del amor más real. Para el tantra el sexo es un autodescubrimiento de cuerpo y espíritu. Es también aprender a reconocer la esencia del otro, de nuestra pareja, en nosotros mismos. La sabiduría de la plenitud. La danza cósmica que nos une con lo divino. Aprender a revelar la realidad última de las cosas. Porque la sensualidad es mucho más de lo que nuestros ojos ven, del placer que disfruta nuestro cuerpo.

Tenemos que aprender este nuevo lenguaje que armoniza cuerpo y espíritu. Las enseñanzas del tantra nos guían en un camino de sensualidad verdadera y plena. Una forma de iluminación, de aprendizaje y de plenitud, que nos va a llevar a una nueva visión de todo lo que nos rodea.

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